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Piel sensible

El número de personas que afirman tener una piel sensible subió de un 30 por ciento de la población en los años 80 al actual 50-60 por ciento. Como causas de esta evolución se habla, además de un aumento de la cultura sanitaria, de parámetros constitucionales, condiciones del lugar de trabajo y el entorno y características psicosomáticas.

La sensibilidad cutánea se ve influida por factores individuales endógenos pero también por factores exógenos como el clima y las estaciones del año. En la piel normal, diversos estímulos como por ejemplo la exposición a la radiación UV, el contacto frecuente con el agua, álcalis o disolventes, y los peelings cutáneos, pueden conducir a un aumento de la sensibilidad de la piel.
Aparte de ello, enfermedades sistémicas como la diabetes mellitus o la insuficiencia renal crónica pueden dar lugar a una mayor sensibilidad cutánea. En general, con el término “piel sensible” se designa un estado de la piel que muestra un umbral de estimulación reducido frente a reacciones irritativas.

Los signos visibles típicos de la piel sensible son:

Enrojecimiento.
Hinchazón.
Aparición de escamas cutáneas.
Formación de eccemas.

A ello se añaden los signos subjetivos no visibles de la piel sensible como:

Hormigueo.
Quemazón.
Picor.
Sensación de tirantez.

Condiciones atmosféricas que aumentan la pérdida de humedad de la piel.
Definición de “piel sensible”
La dificultad a la hora de proporcionar una definición científica del término “piel sensible” surge del hecho de que haya pocos criterios mensurables para objetivar este fenómeno. El estado del manto ácido protector o película hidrolipídica y de la función barrera de la piel, son de gran importancia para la sensibilidad de la piel. Así, la medición de la pérdida de agua transepidérmica (TEWL) revela el estado de la función barrera. Incluso sin cambios cutáneos visibles, un aumento de los valores de TEWL puede indicar una disfunción de la barrera. Numerosos estudios muestran una correlación entre elevados valores iniciales de TEWL y una sensibilidad de la piel frente a noxas exógenas como por ejemplo el lauril sulfato sódico. También en pacientes con dermatitis atópica y eccema de contacto en las manos pueden medirse valores de TEWL incrementados, en zonas que pasan desapercibidas clínicamente. La piel reacciona igualmente con sensibilidad frente a factores exógenos.



Una importante función del manto ácido protector es la capacidad de neutralización alcalina. Indirectamente, el valor ácido del pH ofrece protección frente a gérmenes patógenos.
Representación esquemática de la pérdida de agua transepidérmica (TEWL) y de la secreción de agua a través de las glándulas sudoríparas.

1 Pérdida de agua transepidérmica
2 Transpiración
3 Epidermis
4 Dermis
RESUMEN:

La sensibilidad de la piel se encuentra influida tanto por factores individuales como por factores relacionados con el entorno.
Una típica manifestación de la piel sensible es la reducción del umbral de sensibilidad frente a reacciones irritativas mediante:

Enrojecimiento
Hinchazón
Aparición de escamas
Formación de eccemas
Hormigueo
Quemazón
Picor (prurito)
Sensación de tirantez

La medición de la pérdida de agua transepidérmica (TEWL) permite sacar conclusiones acerca de la función barrera epidérmica. Incluso sin alteraciones visibles de la piel, valores incrementados de TEWL pueden revelar un aumento de la sensibilidad cutánea.
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